La renuncia de los premios nacionales

Que a un artista le concedan un Premio Nacional siempre es motivo de alegría y satisfacción, o no. Este año ha habido dos renuncias a Premios Nacionales, de Música y de Fotografía, concretamente, como protesta ante las políticas culturales que está llevando a cabo el Gobierno.

IMG_4052-0 Primero fue Jordi Savall (Barcelona, 1941), Premio Nacional de Música 2014, que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concedió en reconocimiento a sus 40 años de trayectoria en el ámbito de la música antigua. En una carta dirigida al ministro Wert explicaba los motivos de su renuncia. “Recibir la noticia de este importante premio me ha creado dos sentimientos profundamente contradictorios y totalmente incompatibles: primero, una gran alegría por un tardío reconocimiento a más de 40 años de dedicación apasionada y exigente a la difusión de la música como fuerza y lenguaje de civilización y de convivencia y, al mismo tiempo, una inmensa tristeza por sentir que no podía aceptarlo sin traicionar mis principios y mis convicciones más intimas”. Una renuncia marcada por el órgano que lo otorga, que en opinión de Savall ha demostrado una desidia, desinterés e incompetencia en la defensa de las artes y sus creadores, haciendo hincapié en el “olvido del patrimonio musical hispánico milenario, así como de menospreciar a la inmensa mayoría de músicos que con grandes sacrificios dedican sus vidas a mantenerlo vivo”. Sin embargo, Savall sí aceptó la Medalla de Oro del Parlament de Catalunya, quizás el Govern tenga mejores políticas culturales de apoyo a artistas, quizás.

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A la renuncia de Savall se el une la de la fotógrafa Isabel Steva Hernández, “Colita”, (Barcelona, 1940), Premio Nacional de Fotografía 2014 otorgado por ser “una fotógrafa comprometida con su época, en particular en defensa de los derechos de la mujer”. En su carta de renuncia alegaba que “La situación de la cultura y la educación en España, cómo expresarlo, es de pena, vergüenza y dolor de corazón. No es posible que exista dicho ministerio. Es una quimera. Habrá que esperar con ilusión, otros tiempos, otras gentes, otros gobiernos, que nos devuelvan a nosotros el orgullo y a ellos el honor”. Y esgrimía frases como “Ignoro donde reside este ministerio, e incluso si existe como tal. En cualquier caso, yo no lo conozco”, en alusión al Ministerio de Cultura.

Lo que si es cierto es que no son el primer precedente, y seguramente tampoco el último. En el año 2010, Santiago Sierra rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas, en su carta dirigida a la entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, en la que según su opinión “Los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes. Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del estado el prestigio del premiado. Un estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto. Un estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local”. En 2012, Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa. En 2001 el diseñador gráfico madrileño Daniel Gil rechazó la distinción extraordinaria que se le otorgaba con motivo del décimo aniversario de los Premios Nacionales de Diseño, convocado en este caso por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. En 1994 la compañía teatral Els Joglars, dirigida por Albert Boadella, rechazó el Premio Nacional de Teatro.

Si bien es cierto, esto es un fiel reflejo de lo que están viviendo los artistas, en sus respectivos terrenos, con respecto a las políticas culturales que está realizando (y que lleva realizando) el gobierno central que olvida tanto a artistas jóvenes como consagrados, pocas estrategias para mejorar su competitividad, y con una política de recortes que asfixiaban hasta al mismo Museo Reina Sofía, cuando el pasado mes de septiembre su director artístico, Manuel Borja-Villel, afirmaba que el museo “ha tocado fondo”, a pesar de haber “hecho los deberes”, especialmente en el “doble esfuerzo” de reducir gastos estructurales e incrementar de manera “exponencial” los ingresos propios.

Para 2015, la política de Cultura contará en 2015 con una dotación presupuestaria de 794,04 millones de euros, lo que supone un aumento del 4,3 por ciento respecto al año anterior, según el proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE). Las partidas destinadas a cultura para el próximo año suponen el 0,2 por ciento del total de las políticas de gasto de los presupuestos generales, al igual que ocurrió en los de 2014. El proyecto de PGE establece un incremento del 5,1 por ciento para la cinematografía, con 50,69 millones de euros, mientras que para el teatro se dedicarán 53,16 millones y para el programa de música y danza se destinan 92,07 millones de euros.

Publicado en Papel de Periódico: http://papeldeperiodico.com/2014/11/18/la-renuncia-de-los-premios-nacionales/

 

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