WUNDERKAMMER en Casa Sostoa

Wunderkammer acaba constituyendo, al cerrar la temporada expositiva de Casa Sostoa, una metáfora misma de los principios de esta experiencia.
La casa no ya sólo como centro de arte, también como gabinete de curiosidades en la que coexisten la excentricidad del coleccionista y el interés curatorial en incesante búsqueda.

Los recursos acumulativos y taxonómicos, que encierran retóricas premuseísticas, resultan aquí de gran utilidad para configurar la casa como una nutrida cámara de las maravillas. En ese sentido, y ansiando la componente humanista de indagación y estudio, se ha recurrido a tres artistas -Ignacio Estudillo, Laura Franco y Susana Ibáñez Macías- en los que son fundamentales el proceso de exploración, halllazgo e interrelación. A cada uno de ellos se ha invitado a intervenir de manera específica sendos espacios de la casa, en definitiva a erigir su particular wunderkammer. Es por esto que cobra una especial relevancia la idea de que toda la casa acaba siendo el escenario de una gran instalación, valiéndose de proyectos abigarrados por los que accedemos a altas dosis de información. Respondiendo a intereses distintos, las tres actuaciones en el espacio expositivo acaban por manifestar un fundado interés por referencias al pasado, cuando no se alimentan directamente del mismo. En paralelo se plantea un proyecto de comisariado portátil de la mano de Juan Cuéllar y Roberto Mollá, quienes han programado la disposición de obra de quince artistas contemporáneos sobre la mesa de dibujo del estudio. Así, la diminuta wunderkammer, excepcional por sus exiguas proporciones y la variedad de lenguajes artísticos desplegados en ella, abarca una heterodoxa hilazón de piezas que muestran la fascinación por lo raro y maravilloso, funcionando como una cuarta instalación. El resultado, exuberante y por momentos abrumador, exalta la tesaurización del objeto hasta reclamar una mirada curiosa. Requiere de nosotros una actitud cercana a la del explorador, algo quizá perdido en la observación de la belleza, sea cual sea su cariz.

Estudillo_01

Hay en Ignacio Estudillo (Jerez de la Frontera, 1985) un sincero interés por la belleza. Cuando se le propuso la intervención, a modo de gabinete pictórico, su trabajo se encontraba plagado de referencias arqueológicas que remitían directamente a diferentes espectros de lo clásico. Recreando un sello envolvente de raigambre barroca, Estudillo se sitúa en el lugar del explorador para reunir y presentar algunos de los descubrimientos y objetos más bellos, emocionantes, extraños o interesantes de un viaje imaginario e intelectual. Como instalación, un conjunto de casi cincuenta piezas -dibujo y pintura fundamentalmente- propicia para el espectador un escenario pleno de información y acentos. Nos sitúa ante lo inabarcable de una naturaleza siempre desconocida, así como ante un sinfín de procedencias para la multitud de objetos: entre ellos, destacan los artísticos, si bien hay lugar para la fascinación por la tecnología actual o la geometría, así como para el redescubrimiento del objeto cotidiano. A veces el artista se permite revisitar y reformular a otros artistas, e incluso a sí mismo como creador. El metalenguaje, la pintura como acción de proceso de pensamiento, hila en todo el gabinete haciéndonos caer en la cuenta de que lo que vislumbramos es sólo la punta del iceberg. Cada una de las pinturas de Estudillo funciona aquí como un resorte que nos lleva al ámbito del concepto, algo abstracto que dota a la imagen de inestabilidad. Cada imagen es un documento de un archivo, de un atlas, sin privilegios sobre las demás, un punto en un mapa que posibilita la dispersión, la deriva, la prolongación indagatoria.

Franco_01

El proceso indagatorio de Laura Franco Carrión (Málaga, 1985) nos sumergirá de lleno en la experiencia propia de la artista, quien reconstruye desde hace años la vida de un antepasado directo a partir de la recopilación de los que fueron sus objetos personales. En el año 2008, Laura Franco encuentra en la casa familiar de Nerja los cuadernos personales de Laurita Istochnikov (provincia de Málaga, 1956-1992), quien adoptase el apellido durante una estancia en Rusia en 1985; en esos cuadernos Laura Franco descubre a una artista que mediante el dibujo, el collage, las anotaciones y garabatos contenían una vida fascinante y, de algún modo, la contenían a ella misma. El grado de compromiso con este hallazgo la lleva a dedicar parte de su producción artística al estudio y la puesta en valor del legado recibido, encauzando tales intereses desde la instalación e integrándolo de un modo natural en su lenguaje propio de artista. El sentido acumulativo, la composición rítmica en la que distribuye los efectos personales de Istochnikov, el argumento que planea fantasmagóricamente en la habitación, no hacen sino subrayar al antepasado como personaje. Al final, y siendo invitada a llevar a cabo su intervención en el dormitorio de invitados de Casa Sostoa, Laura Franco recrea la estancia como posibilidad, como si trasladase un escenario del pasado, reinterpretado en clave de análisis. Derramando el álbum familiar de Istochnikov y haciendo inconmensurable su lectura, propiciando un encuentro abrumador con el pasado que podría funcionar de manera atemporal en cada uno de nosotros. El resultado, a mitad de camino hacia la alcoba de una casa-museo, nos ofrece un particular e intimista tesoro de curiosidades.

Ibanez_01

El caso de Susana Ibáñez Macías (Sevilla, 1981) se nos ofrece singular si partimos de la premisa de que la Wunderkammer constituye su actual objeto de estudio, siendo al mismo tiempo parte fundamental en su discurso como artista y materia de su tesis doctoral. Habitualmente, la artista recompone el argumento clasificatorio de la cámara de las maravillas desde una perspectiva parasitaria sobre lo cotidiano e inmediato, elevando a la categoría de maravilloso aquello que lo es por su rareza y el extraordinario carácter viral que posee en la sociedad de la información. Así, es habitual encontrar en sus gabinetes pictóricos referencias que se extraen directamente de vídeos de Youtube o instantáneas sensacionalistas que acaparan nuestra atención en las redes sociales. En esta ocasión, sin embargo, Susana Ibáñez se ha centrado en uno de los objetos extraordinarios que poblaron, como objeto estrella, los gabinetes de curiosidades desde que se tiene conciencia de su existencia: el cocodrilo. En ellos encontramos, normalmente suspendido de cadenas, al reptil maravilloso, que debiera resultar fascinante entre las demás maravillas de la naturaleza. Para recrear su personal cámara, Mirabilia Naturae, Ibáñez fabrica la escultura de un cocodrilo de tamaño cercano al natural, suspendido del techo del salón al modo en que lo hacían también en iglesias y catedrales como extrañísimos exvotos o tesoros. En el espacio sacro el cocodrilo podía evocar la magnificencia de la creación divina, o escenificar como trasunto simbólico la presencia del maligno. Esta fascinante polisemia, que abarca muchas más acepciones, se adecúa perfectamente al poliédrico sentimiento humanista que se encuentra siempre presente en las Wunderkammer.

z_Encapsulados_01

En paralelo al proyecto Wunderkammer de Casa Sostoa, se plantea y exhibe un proyecto de comisariado portátil de la mano de Juan Cuéllar y Roberto Mollá, quienes desde 2007 vienen llevando a cabo diferentes intervenciones que se proclaman herederas de la boïte-en-valise de Duchamp, del museo de micro-miniaturas de Guadalest, de los microgramas de Walser y de la conspiración Shandy narrada por Vila-Matas, en la que uno de los requisitos imprescindibles para formar parte de la mencionada conspiración era que la obra artística de uno pudiera caber en un maletín. El proyecto encapsulados -que comenzó su aventura en un hotel-cápsula de Tokio- abraza la intensidad del pequeño formato, en diametral oposición al gigantismo y la hipertrofia que parecen reinar en el ámbito del arte contemporáneo actual. Así, sobre la mesa del estudio de Casa Sostoa se dispone un heterogéneo conjunto de obras de dimensiones muy reducidas y dispuestas a modo de diminuta instalación. La relación entre los trabajos sugiere la clasificación de lo desconocido o inventado, abundando en la idea descriptiva de un mundo natural secreto o maravilloso. Así, lo mutante, lo prodigioso y lo híbrido son el principal trasunto. Artistas: Gabi Alonso, Ernesto Casero, Juan Cuéllar, Joseba Eskubi, Victoria Iranzo, David Kesting, Joël Mestre, Brian Leo, Davis Lisboa, Chema López, Antonio Ortuño, Luis Pérez Calvo, Consuelo Vento, Fernando Vélez Castro, Nelo Vinuesa y Geoffrey Young.

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