Málaga presenta su Museo Carmen Thyseen

Como no podía ser de otro modo hoy actualización dedicada al Museo Thyssen Málaga que ayer fue presentado a la prensa y esta tarde tendrá su puesta de largo en la inauguración a la que asistirán numerosos invitados.

Museo Carmen Thyssen. Málaga. © Luis Reyes

Empecemos contando un poco la historia del edificio que alberga ahora el museo, que quien se haya criado en Málaga o haya paseado por sus calles recordará que durante años estuvo cubierto por unos mosaicos para cuarto de baño que lo convirtieron en el colmo de la estética extravagante y, en suma, en un símbolo de la degradación del Centro Histórico de Málaga. Desposeído al fin de este histriónico ropaje, la ciudad ha vuelto a descubrir el palacio del Siglo de Oro que a partir de mañana será la sede del Museo Carmen Thyssen: el Palacio de Villalón de la calle Compañía.
El investigador y escritor Antonio Lara, autor de varias monografías sobre personajes de la historia de Málaga como Lorenzo Armengual de la Mota o el marqués de Iznate, ha estudiado la historia del inmueble, repleto de personajes muy interesantes. «Se dice que se construyó en el siglo XVI y que fue de un conquistador burgalés de Málaga, lo que he podido constatar es que perteneció a la familia Fernández de Villalón, naturales de Setenil, Cádiz, y que fueron conquistadores y repobladores de Ronda». Como dato curioso, Antonio Lara explica que un miembro de la familia fue uno de los acompañantes de Magallanes en su expedición alrededor del mundo en 1519, aunque no la pudo completar porque murió en Filipinas.
La vida en el siglo XVIII. El edificio, a dos pasos de la plaza mayor, la principal de Málaga, cobrará verdadera importancia en el siglo XVIII gracias al casamiento en 1707 de Catalina Victoria de Villalón y Mendoza con Gaspar de Bracamonte y Zapata, IV marqués de Fuente El Sol. Precisamente las armas de los respectivos linajes familiares (Villalón, Mendoza, Narváez y Zapata) son las que presiden la fachada de la casa. El escudo puede verse –con la corona del marquesado–. La pareja vivió un tiempo en la casa de la calle Compañía y al morir el marido en 1733, dejará a la viuda y sus hijos en serios aprietos económicos. El mayor de todos, Agustín Domingo Bracamonte y Villalón Mendoza, se convirtió en el V marqués de Fuente El Sol, además de en el XIII marqués de Cañete y Navamorcuende y aunque se casó dos veces, no tuvo descendencia.
Antonio Lara destaca que los Bracamonte-Villalón tuvieron enterramiento en la capilla del Corazón de María, en la iglesia de los Mártires. Precisamente en 1777, las hermanas Mariana y Ana Villalón, conocidas en Málaga como las Villalonas, se encargarían de reparar la iglesia, después de los daños sufridos en los terremotos de 1680 y 1755. En esta iglesia puede verse todavía el escudo de armas familiar. «Esta familia se extinguió porque murieron sin descendencia», explica Antonio Lara, quien señala que durante décadas el inmueble estuvo vacío hasta mediados del siglo XIX, cuando es ocupado por Avelino España, procedente de Yanguas, en Soria. Aquí la historia difiere, pues mientras los documentos que tiene Antonio Lara señalan que Avelino España puso una ferretería, una nieta de este soriano, fallecido en 1902, señala que la tienda era de tejidos. En cualquier caso, Avelino España, casado con su sobrina Araceli Enciso, y luego su familia fueron los propietarios del palacio Villalón hasta los años 40 del pasado siglo. Y resulta curioso saber que, en esa época, se barajó trasladar a villa María, en El Limonar, la nueva casa familiar, los artesonados del palacio. «Mi madre al final no quiso saber nada del traslado, no había artesanos en condiciones para quitar el artesonado», explica la nieta de Avelino España. Al final, la casa fue vendida a don Trinidad Romero en esos años cuarenta, «por unas 500.000 pesetas, que en aquella época era una barbaridad de dinero», destaca la nieta de Avelino España. Don Trinidad Romero, señala, también puso una tienda de tejidos. Antonio Lara calcula que a finales de los años 50 o comienzos de los 60 la firma comercial Álvarez –gallega– puso la tienda de cristalería y loza, momento en el que desfiguró el edificio.

En cuanto a la colección.
Escenas costumbristas.
 Se trata de la sección denominada ‘Costumbrismo’, en la que también reclaman protagonismo pintores como Domínguez Bécquer o Dehodenq, siguiendo las indicaciones de María López. De Alfred Dehodenq reclaman la atención del visitante ‘Un baile de gitanos en los jardines del Alcázar, delante del pabellón de Carlos V’ y, sobre todo, el lienzo ‘Una cofradía pasando por la calle Génova, Sevilla’ (ambos fechados en 1851). Por su parte, Joaquín Domínguez Bécquer deja títulos como ‘Maja y torero’ (1838) y ‘Baile en el exterior de una venta’ (1867). Aunque tampoco conviene olvidar a Manuel Wssel de Guimbarda, que firma, entre otros, el óleo sobre lienzo titulado ‘Lavando en el patio’, datado en 1877. Serían algunas de las referencias más destacadas de esta sección. La directora del Museo Carmen Thyssen-Bornemisza de Málaga aclara: «En el costumbrismo se evoluciona hacia el corte preciosista, con autores como García Ramos o Moreno Carbonero. De alguna manera, el costumbrismo barre todo el siglo. En muchos momentos, cronológicamente hay muy poca diferencia. A la hora de presentar la colección del museo, el criterio ha sido más estético que cronológico, porque los movimientos artísticos se prolongan y solapan». Esa premisa se plasma ya en la sala inaugural, donde comparten espacio las secciones llamadas ‘Costumbrismo’ y ‘Paisajismo romántico’. En este punto conviene detenerse, al menos, en dos autores: Manuel Barrón y Carrillo y Genaro Pérez Villaamil. Del primero sobresalen ‘Vista del Guadalquivir’ (1854) y ‘Cruzando el Guadalquivir’. En cuanto a la representación de Pérez Villaamil, citar ‘Corrida de toros en un pueblo’ (1838) y ‘La capilla de los Benavente en Medina de Rioseco’ (c. 1841), que justo enlaza con el título de la sección temática.
Subimos las escaleras. Turno para el paisaje naturalista y la pintura preciosista. Pero antes, una parada al otro lado del patio central del palacio de Villalón. En concreto, en la estancia que mostrará una selección de libros del siglo XVII y XVIII, también pertenecientes a la colección de la baronesa. Seguimos las indicaciones de María López: «Respecto a los temas, se trata de una pintura que insiste mucho en asuntos amables de la burguesía y, además, los artistas andaluces continúan con los temas costumbristas andaluces. El preciosismo incluye a Fortuny, García Ramos, Madrazo y, sobre todo, Martín Rico. Mientras que en el paisaje naturalista emerge la obra de Carlos de Haes». Y ahora algunas referencias. Por secciones, según se traspasa el arco de entrada a la sala, llegan primero las obras inscritas en el preciosismo. Y ahí, entre otros, ‘Paisaje norteafricano’ (c. 1862) de Marià Fortuny i Marsal; ‘Río San Lorenzo con el campanari San Giorgio dei Greci, Venecia’ (c. 1900) de Martín Rico Ortega o ‘Ca d’Oro’ (c. 1897) de José Moreno Carbonero. La mirada se gira hacia el paisaje naturalista. Y el visitante puede encontrar, por ejemplo, los lienzos de Carlos de Haes. Como ‘Paisaje con una vacada en un río’ (1859) o ‘Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra, Aragón’ (1856). Y ahora un pequeño alto en el camino. Una parada en la pintura de autores malagueños presentes en los fondos del museo. «La pintura malagueña está muy bien representada en la colección», reivindica la directora de la pinacoteca. «Hay que recordar que la marina es un género que se desarrolla a partir del naturalismo, cuando el mar deja de ser ese ámbito misterioso y extraño para ser un lugar también para investigar los reflejos de la luz, del agua. Autores como Ocón y Rivas o Gómez Gil destacan de manera singular en este apartado», apostilla María López.

Autores malagueños.
Entre esas referencias incluidas en los fondos del museo se encuentran ‘Puerto de Málaga’ (1896) y ‘Puerto’ (1899), ambas de Guillermo Gómez Gil; así como la tela firmada por Emilio Ocón y Rivas titulada ‘Gran velero saliendo del puerto de Sevilla. Al fondo la Torre del Oro’ (c. 1874). Todavía en la primera planta, el museo reserva un espacio para los llamados ‘Maestros antiguos’. Reina en la sala el cuadro ‘Santa Marina’ (c. 1640 – 1650) de Francisco de Zurbarán, una de las piezas más emblemáticas en la colección. Junto al cuadro, María López anuncia la exhibición de un Cristo del siglo XIII que ha permanecido en depósito en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Para cerrar el círculo, la primera planta del Museo Carmen Thyssen-Bornemisza ofrece un pequeño espacio entre las salas expositivas de mayor formato y el atrio del palacio. Se trata del Oratorio, en el que los responsables de la institución prevén organizar exposiciones ‘de gabinete’; es decir, montajes en torno a una obra que será contextualizada y revisada.De nuevo escaleras arriba. Segunda planta. Antes de entrar en el espacio expositivo, una sorpresa. Perspectivas insólitas de esa zona del Centro Histórico de la capital. La torre de la iglesia del Sagrado Cozarón. Miradores por los que asoman pinturas murales recuperadas. Tejados sobre las calles Compañía y Mártires. Un instante para volverse hacia afuera y echar cuentas. El Museo Carmen Thyssen-Bornemiza de Málaga se despliega a lo largo de 7.147 metros cuadrados. De ellos, más de 5.100 metros se dedican a uso expositivo. Y de ellos, la inmensa mayoría se corresponde con nuevos recintos construidos para la ocasión y situados a la espalda del palacio de Villalón. Es el gran ‘contenedor’ de obras de arte que guarda la colección permanente del centro, a la que regresa el paseo en su nivel más elevado. «Una sala espectacular», anuncia la directora del museo con evidente orgullo. El espacio está dedicado a la pintura entre los siglos XIX y XX. Entre los «renovadores del paisaje», María López se detiene en Aureliano Beruete y Moret, autor de ‘Vista de Guadarrama desde El Plantío’ (1901) y ‘Ávila’ (1909).

Autores populares.
En este apartado se concentra además un número notable de autores populares: Sorolla, Romero de Torres, Gutiérrez Solana, Zuloaga, Regoyos… Muy complicado resumir la nómina de propuestas que reúne el tramo final de la colección. El primer protagonismo lo reclaman dos obras de Julio Romero de Torres: ‘La Buenaventura’ (1922) y ‘Monja’ (1911), enfrentadas en uno de los recodos de la sala. ‘Baile flamenco’ (sin fechar), de Ricard Canals i Llambí; ‘Julia’ (c. 1915) a cargo de Ramón Casas Carbó y ‘Niñas a la luz de un farol’ (también sin datar) firmada por Lluís Graner i Arrufí dan cuenta de la presencia de la pintura de la escuela catalana en esta sección. Surge Franciso Iturrino. ‘Dos gitanas’ (c. 1901-1903) y ‘El baño’ (c. 1908) ofrecen un intenso cromatismo, rasgo compartido con la tela ‘Vista de la bahía de Palma de Mallorca’ (c. 1905-10), de Antonio Muñoz Degrain, que asimismo firma ‘El baño nocturno’. Darío de Regoyos y Valdés firma ‘La Concha, nocturno’ (c. 1906), mientras que Joaquín Sorolla está representado en la colección del museo con piezas como ‘Garrochista’ (1914) o ‘Patio de la Casa Sorolla’ (1917). Títulos que aparecen en el ecuador de la última sala, que reserva para la pared del fondo una de las piezas más renombradas dentro del catálogo del Museo Carmen Thyssen-Bornemisza: ‘Corrida de toros en Eibar’ (1899), una tela de Ignacio Zuloaga y Zabaleta. Fue una de las primeras obras del catálogo del museo que se dieron a conocer. Y una de las últimas en incorporarse a los fondos de la institución ocupa la misma sala: ‘Las Coristas’, de José Gutiérrez Solana. Otro de los reclamos que prometen permanecer en la retina de los visitantes a la colección. Y queda todavía la tercera planta del museo. La sala reservada a las exposiciones temporales.
Para los afortunados disfrútenlo hoy, para los que no viernes, sábado y domingo la entrada será gratuita. A partir de ahí, las entradas será seis euros la general, 3,5 la reducida y nueve la combinada (colección y exposición temporal). El horario de martes a viernes de 10.00 a 20.00 horas; sábados y domingos, de 10:00 a 21:00 horas. Os espero.

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